Criatures fantàstiques – La Vanguardia

Medio: La Vanguardia
Escribe: Fèlix Riera
Fecha: 15/8/2017
Ref.- El Gran Llibre de les Criatures Fantàstiques de Catalunya

El verano es un buen momento para releer o retomar lecturas que nos remiten a ese miedo excitante de nuestra infancia. Hace unos meses, se publicaba en Catalunya El gran llibre de les criatures fantàstiques de Catalunya, uno de los mejores libros del año editorial catalán, con texto de Joan de Déu Prats y con ilustraciones de Maria Padilla. En este fantástico libro encontraremos, a modo de catálogo, la ficha del Gusarapa o Musaranya que vivió en la mente de la gente del Prio­rat, los espectros de los Marfantos del ­delta del Ebro o el Home d’Escorça de la Garrotxa, entre otros. Todos ellos son criaturas de leyenda, inventadas para advertir de los peligros interiores a los que estamos expuestos desde que nacemos. Si les gustó a sus hijos Harry Potter, no sería de extrañar que queden cautivados por los textos de ­Joan de Déu, que resuelven con la certeza de que toda criatura fantástica es nuestra sombra. En ellas vemos la codicia, la más­cara, la venganza o la furia. Las ilustraciones de Maria Padilla acentúan el carácter poético que se esconde en toda criatura que habita en los sueños para ser descubierta por un niño.

Quiero compartir con ustedes que de pequeño sólo temía al malévolo hombre del saco. Todos los veranos en La Roca, donde veraneaba con mis padres y mis abuelos, se me aparecía su imagen en forma de sombra que, a medida que caía la tarde, se hacía más y más nítida, acentuada con los ruidos del bosque. Cuando daban las ocho, cuando el sol parecía que ya nunca se pondría, la tenue oscuridad avanzaba como una fina capa negra que lo envolvía todo. Era entonces cuando mi corazón se agitaba y mis pasos distraídos adquirían la fuerza de las zancadas de los gigantes para llegar a casa lo antes posible. Fue mi abuelo el que me dio a conocer esta severa y peligrosa criatura para que mi curiosidad de niño no me condujera a un posible peligro. Debía llegar a casa antes de las nueve o el hombre del saco podría atraparme y meterme en su saco profundo como un pozo sin fondo. Aún hoy, cuando paseo despreocupado por un camino, oigo los pasos del hombre del saco e incluso imagino su rostro; ese rostro que nunca alcancé a ver de niño, con tanto correr.

Háganme caso: léanlo, vivirán de nuevo el encuentro con criaturas fantásticas y no se arrepentirán; o si se arrepienten, por el miedo reencontrado, celebrarán volver a ser alcanzados por su infancia.